Historia

El Padre Vicente Morales, junto a los niņos
del MOANI de su parroquia

En el año 1955 dos jóvenes sacerdotes de la Arquidiócesis de Santiago, trajeron desde Francia la experiencia de un movimiento de niñas y niños llamado “Almas y Corazones Valientes”. Al comienzo de los años 70’ el movimiento nacional asume el nombre de Movimiento Apostólico de Adolescentes y Niños, MOANI. El 2005 hemos cumplido 50 años de participación, protagonismo y acción evangelizadora.

En estos años son varias las generaciones de niños, adolescentes y jóvenes que han encontrado en el MOANI un espacio de crecimiento y desarrollo personal, un lugar de encuentro con Dios y el Evangelio de Jesucristo. Sentimos que a lo largo de estos años la acción del Espíritu Santo nos ha impulsado a valorar a los niños y adolescentes como protagonistas en la tarea evangelizadora de la Iglesia.

Creemos que el aporte del movimiento ha sido fecundo y diverso. Desde el reconocimiento que tantos niños, niñas y adolescentes, de los sectores más vulnerables, han hecho de su valor como persona, de las capacidades que tienen para descubrir la Voluntad de Dios  hasta las innumerables experiencias de organización para actuar y transformar las situaciones que los afectan en sus familias, en el barrio, en el colegio, etc.

Hemos sido testigos de tantas transformaciones a través de las acciones de los niños. ¡Cuántas familias han mejorado su convivencia porque los niños   han  tenido el coraje para expresar lo que anhelan y les duele de su vida familiar!.

Hemos visto como los niños se han organizado para mejorar los espacios comunitarios o para expresar su solidaridad o defender sus derechos.

Hemos descubierto con alegría como los niños experimentan en sus vidas el Amor de Dios y transmiten esta experiencia a otros niños.

Pero no sólo los niños, niñas y adolescentes han experimentado la acción de su movimiento, somos muchos los jóvenes y adultos que hemos sido transformados por esta acción. El Moani ha contribuido a la Iglesia con decenas de jóvenes que, en el acompañamiento de los niños, han descubierto su vocación a la vida religiosa y sacerdotal. La sociedad se ha visto enriquecida por tantos jóvenes que, en su entrega generosa a los niños han encontrado el sentido de sus vidas y se han desarrollado profesionalmente en el ámbito de la infancia. ¡Cuántos educadores, asistentes sociales, sicólogos, y otros, que sin ser profesionales, prestan servicio en las diversas instituciones que se preocupan hoy de la infancia!.

Ellos, como muchas familias y vecinos, han sido transformados por la acción de los niños en su movimiento. Es motivo también de gratitud al Señor constatar, en nuestras visitas a las Parroquias, como jóvenes y adultos comprometidos en el apostolado reconocen su paso    por    el    Movimiento, permaneciendo     fieles      y generosos en esta tarea.

A través del paso por la historia tenemos aun la firme convicción de la vigencia de nuestro aporte a la misión  de la Iglesia y de nuestra contribución a la transformación de la sociedad para que se haga realidad el Reinado de Dios.

Queremos seguir repitiendo en el tiempo las palabras del Maestro: “Dejen que los niños vengan a Mí”, “De los que son como ellos es el Reino de los Cielos”. Renovamos nuestra convicción de que los niños, niñas y adolescentes no sólo son un proyecto futuro sino un presente que reclama una participación protagónica en el apostolado y en la construcción de una sociedad más acorde con el querer de Dios.