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MONOGRAFIA
Intentar describir mi participación en el MOANI es bastante complejo, ya que implica hablar de mi vida a través de toda su historia.
Me llamo Ana Luisa Muñoz, tengo 33 años, soy casada con Patricio desde hace 4 años tenemos dos hijos, Diego de 2 años 5 meses y Arlene quien pronto cumplirá dos mese de vida, vivimos en el sector norte de Talca, mi ciudad de origen.
En el ámbito profesional ejerzo como trabajadora social, en Fundación CRATE (centro regional de asistencia técnica y empresarial), esta fundación organiza la acción social de la Iglesia Diocesana de Talca, personalmente trabajo en el área de gestión y desarrollo habitacional acompañando, asesorando y representando a familias de la región en la obtención de su vivienda.
Provengo de una familia muy numerosa, con un fuerte compromiso social y cristiano, la mayoría ha realizado un trabajo comunitario, relacionado especialmente con la Iglesia Católica. El MOANI ha sido uno de estos espacios de participación, por lo que desde pequeña comencé a conocer el movimiento y a comprometerme en el.
Cuando tenía .. ya no recuerdo , pero imagino que 7 años.... integré un grupo de niños en la capilla de mi comunidad, “ Cristo Salvador” en Talca, el grupo estaba formado por amigos (as) del pasaje.
Tengo bonitos recuerdos, mucha alegría, participación, intercambio, hablo de los años 80, tiempo de auge para los movimientos en Chile, ya que, debido a la situación política, estos se presentaban como un espacio de expresión, organización y acción, frente a las situaciones de discriminación que sufrían los niños y jóvenes de nuestra sociedad.
Viví este proceso en mi grupo de niños y eso me permitió identificarme fuertemente con la vida poblacional, con los problemas que vivíamos y con el espíritu evangelizador de nuestra acción.
Frente a la falta de acompañantes en el sector, con 14 años empecé a trabajar con niños más pequeños. Así comenzó mi proceso de formación, participé en encuentros de acompañantes a nivel regional, diocesano y nacional. Poco a poco fui asumiendo responsabilidades en el MOANI; como miembro de la coordinación diocesana, pude conocer la vida nacional del Movimiento y participar en distintas encuentros y reflexiones, por ejemplo, en la elaboración de los estatutos del Moani. Por supuesto todo esto se enriquecía con la experiencia que vivía mi grupo, a esa fecha “Los leones de Cristo.”
No terminaría nunca de escribir si dijera todo lo que viví y aprendí con ellos y con otros grupos que acompañe, por ejemplo el grupo de adolescentes JAP. (Juventud Amor y Paz)
En 1998 asumí la tarea de secretaria nacional de Moani, por un periodo de dos años. Representé al Movimiento en la coordinación latinoamericana. Conocer las distintas maneras de vivir el proyecto del Midaden en nuestra región fue un gran desafío.
Otros momentos importantes fueron la participación JMJ, visitar el movimiento de los niños trabajadores Manthoc, participar en el X Encuentro Internacional del Midaden en Dakar, preparar junto a la coordinación latinoamericana del primer encuentro regional de niños y adolescentes del MIDADEN.
A partir de los distintos intercambios, con los movimientos de América Latina sentí que mi compromiso se extendía de una realidad local a una identificación con el Movimiento Internacional. Este sentir se consolido cuando en enero del 2002 viajé a Francia, luego que el movimiento internacional me llamó para ser parte del secretariado general del Midaden.
Durante cuatro años viví de manera distinta mi compromiso con los niños, mirando atrás creo que lo mas difícil fue aceptar que estás lejos de tu tierra, de la familia, los amigos, de tu pequeño mundo... y comenzar a integrarte a una cultura distinta, donde no hablan tu lengua, y donde miras a tu alrededor y no hay referentes; no están aquellos que en el camino te alientan...
Sin embargo el Señor puso en el camino personas que a través de su testimonio de vida enriquecieron la mía. Otros facilitadores fueron la presencia del padre Daniel Houry - un cura francés pero chileno y moanista-, mi grupo de revisión de vida del MOAC-francés, y por supuesto la presencia de mi marido.
Respecto a mi trabajo en el SG, dentro de mis tareas estuvo el acompañamiento de los movimientos de Europa, Africa Central, Medio Oriente, Las Antillas, Quebec; algo que disfrute mucho fue la elaboración del boletín “Niños en Movimiento” ya que me permitía sentirme cerca de vida y acción de los niños, y lo que me hizo mojar la camiseta fue la preparación y realización del XI Encuentro Internacional del Midaden en Damasco, Siria.
Sin duda esta experiencia del MOANI le da un “plus” a mis trabajo, actualmente no solo me preocupo de que cada familia que se acerca a la Fundación pueda tener su casa, sino que cada familia participe activamente del proceso para no simplemente conformar barrios sino comunidades.
Han pasado casi dos años de nuestro regreso de París, ha sido un tiempo de adecuación, buscar casa, trabajo, reencontrar la familia, los amigos, preparar la llegada de Arlene, pero sepan que como familia estamos pensando en nuestro reencuentro con el MOANI y los movimientos de la acción católica especializada.
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